TOROS Y SU HISTORIA


En tiempos antiguos el toro recorría libremente la península ibérica, así que fastidiaba algunos picnics al presentarse sin invitación.


Existe algún lazo místico subconsciente entre el hombre y el toro, que se puede detectar mirando las figuras dibujadas en las paredes de cuevas de 15,000 años a. de C., o contemplando las confrontaciones y confirmaciones del Egipto prehistórico, donde había una ley que exigía que para controlar las aguas del Nilo el hombre tenía que demostrar su dominio de la tierra; tal dominio se demostró matando un toro una vez al año. Los laberintos de Creta y los toros místicos de la antigua Grecia dan fe de la veneración respetuosa entre los mundos del hombre y el toro.

Ruins of the oldest bull plaza in the world

La fiesta de los toros tiene su orígen en la antigua costumbre española de organizar una feria de ganado en los pueblos una vez al año. El más rico de cada pueblo compraba un toro salvaje y lo metía en un corral donde lo alanceaba delante de los del pueblo y los campesinos, desmostrando así su valor masculino y reafirmando su puesto como el más fuerte del pueblo.

Era necesario situar un toro para que el aristócrata montado a caballo pudiera demostrar su habilidad. Los capeadores solo tenían una capa de tela para protegerse. Sin embargo, algunos se arriesgaron y disfrutaron de su peligrosa tarea. Empezaron a hacer gala de su ingenio, habilidad y valentía, y pronto atraían más atención que el mismo patrón. La gente venía de lejos para ver a los TOREROS, una categoría nueva de hombres valientes y heroicos que ganaban la admiración de la gente con su osadía, astucia, y gracia de movimientos. El arte de torear había nacido y así ha venido evolucionando hasta hoy en día.


El espectáculo de los toros es puro teatro—drama auténtico---que termina en la muerte. El toro es una máquina feroz de matar, un oponente instintivo de cualquier cosa con la que se enfrente. Hace cien años metieron los toros en jaulas y los enfrentaron con tigres, búfalos, elefantes y osos; siempre ganaba el toro.

Hoy en día la magia que une al hombre con el toro se percibe nada más ver el primer paso del toreador. El movimiento y el sonido de la capa evocan el misterio primordial. El toro se fija en la capa, empeñado en matar, y mientras el hombre pueda controlar el temblor de sus rodillas o sus piernas, el toro sólamente embestirá a la capa.

La embestida de este toro fue tan recta y acertada (los aficionados lo llaman Toro Azul) que el toro fue indultado


Cuando un toro es tan valiente que no para de embestir, atacar y demostrar su verdad, es indultado. Es un acontecimiento muy infrecuente, que he tenido el placer de presenciar cuatro veces. El presidente de la corrida lo indica mostrando en su balcón un pañuelo de color naranja. Avisan a los veterinarios y traen a especialistas desde lejos para atender a un especimen tan especial.

La plaza se convierte en una catársis masiva de amor y abrazos. El matador, con los ojos llenos de lágrimas, finge matar al toro, utilizando la mano para simular una espada. Y empieza la celebración.

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